Nació en Trujillo en 1511, de Don Francisco de Gaete y de doña María Alonso de Cervantes. Estudió en Salamanca y en París, y muy pronto fue nombrado consejero y delegado del Inquisidor General del reino de Aragón. En este cargo estuvo en el reino de Nápoles el de Inquisidor y Arzobispo de Salerno y Mesina, pasando en calidad de teólogo al Concilio de Trento, donde se le conoció una competencia suma con la que se granjeó la amistad y el favor de la corte pontificia. Fue nombrado Arzobispo de Tarragona, donde fundó el colegio de jesuitas, y tomó parte como consejero y mediador en el asunto de fray Bartolomé Carraza, Arzobispo de Toledo, con gran beneplácito del pontífice reinante, quien en recompensa por sus acertados consejos, le nombró Cardenal de San Bartolomé, luego de San Martín, posteriormente de Santa Balbina, y llegado pontificio ceca del rey de España, hasta su muerte acaecida en 1575, siendo enterrrado en Tarrragona en su magnífico sepulcro de la iglesia de los jesuitas. En Trujilllo construyó, dotó y enriqueció de indulgencias al altar donde se depositó el cadáver de su madre, en la iglesia de San Martín, llamado altar de Gaete, donde existe escrita en latín una lápida dedicatoria de este cardenal. Contemporáneo de Miguel de Cervantes y de su estancia en Italia, un Cervantes de Gaete. Su biografía ha sido reiteradamente escrita, pero todavía está esperando un investigador serio y moderno que ponga al día la vida que fueron repitiendo autores italianos, y en el siglo XIX Jaime Villanueva dentro de su “viaje literario”, en el que pudo beber nuestro historiados local don Clodoaldo Naranjo. Pera la vida de este español universal perteneciente a una generación de gigantes ‘la generación de Carlos V, y los dioses que nacieron en Extremadura; la generación del Gran Inquisidor deán Fernando Valdés el fundador de la Universidad de Oviedo, y del profesor salmantino fray Francisco de Vitoria, el fundador, antes, que Suárez, del Derecho de Gentes; la generación del Duque de Gandía y del Obispo arquitecto placentino don Gutierre de Vargas y Carvajal; la generación del maestro Juan de Avila, recién estampillado como santo, y de Pedro, el de Alcántara; la generación del eramismo y de la primera emigración masiva a tierras americanas-, no se puede despachar con cuatro pinceladas, ni con los tópicos retóricos, manidos por la costumbre. Queda por cortar mucha tela cervantina, del cardenal, si los paisanos hemos de saber quienes nos precedieron con los signos de la fe, de las actividades, y si no queremos sentar la plaza de la incultura haciendo creer que cada uno de nosotros descubre el Mediterráneo. Si, como dicen los franceses, “voyager c-est vivre”, y no lo desmiente la vida del autor de “El Quijote·”, algo significan los itinerarios del Cardenal Gaspar Cervantes de Gaete. Trujillo, en la diócesis de Plasencia, punto de partida, sin confundirlo con Castrojeriz que esté en Burgos; ni con Cáceres, que jamás perteneció a la diócesis placentina. Y después, Salamanca, con su Universidad y colegios mayores; posiblemente París y el ambiente universitario de su famosa Universidad; León, donde gozó de una canonjía; Sevilla, en la que colaboró estrechamente unido al famoso don Fernando de Valdés, y Zaragoza, desde cuyo palacio de la Aljafería ejerció sus tares de Inquisidor de Aragón, Corresponde todavía a esta época el conocido elogio que de Cervantes de Gaete hizo el padre Francisco de Borja escribiendo a Felipe II, y Rey de España: “El licenciado Cervantes el limpio (de sangre, de familia) hombre de mucha virtud y celo; fue provisor e Inquisidor en Sevilla, ahora lo es en Zaragoza; es tenido por tatrado” En Zaragoza cambia el rumbo de Cervantes de Gaete. Sale de la capital de Aragón prra regir el arzobispado de Mesina, en Sicilia, y la acutación en tierras italianas duraría luengos años, casi diez. Primero Sicilia, después Salerno, y a la postre el retorno a España. a medio camino entre Mesina y Salermo, el Concilio de Trento, a cuya tercera sesión acude como prelado messanense. Pero a la hora de firmar escribe ya: “Yo, Gaspar Cervantes de Gaete, Arzobispo de Mesina y electo de Salermo, definí y firmé de propia mano”. Tarragona es la última y definitiva etapa de sus innúmeros viajes. Allí, como Arzobispo, trata de aplicar los remedios conciliares. Y allí recibe también los máximos honores y recompensas a sus largas tareas en la edificación de la iglesia con amplia superación de objetivos localistas. Máxima preocupación pastoral es lo que se relaciona con la cultura: un colegio e la recién nacida. Compañía de Jesús, verdadera revolución en la enseñanza, aunque hoy está más que superada a la distancia de cuatro siglos, y una modesta, como todas al principio, universidad. Todo sin clamore, alharacas, ni teatro o publicidad, una preudorreforma muy del gusto de nuestros días. Allí recibe, en Tarragona, su nombramiento cardenalicio, con el titulo primero de la iglesia romana de San Vidal , que a los siete días cambia por el título de San Martín al Monte, el mismo título que en Milán Monseñor Juan Bautista Montini, y, por fin, en 1572, vuelve a cambiar el título cardenalicio por el de Santa Balbina, que a principio del siglo XVI había honrado con sus nombre, y especialmente con sus obras, otro españos admirable, fray Francisco Jiménez de Cisneros. No merecen respeto ni consideración los versos que se atribuyen y no están en el epitafio de la catedral tarrraconense y se suena así: Fuí Arzobispo de Tarrragona. En roma fui Cardenal,Inquisidor GeneralEn la española corona. Cervantes era yo anates.Polvo y tierra soy después,Que caben en siete piesDignidades semejantes. Los cuatro últimos versos repiten un concepto por demás sabido de lo que es el fin de tatas vanidades y ostentaciones humanas. Y los primeros no reflejan, ni de los lejos, los trazos de una biografía, máxima teniendo en cuenta que el Cardenal Cervantes jamás fue “inquisidor general” de España. Las dos inscripciones que decoran el sepulcro tarraconense de nuestro Cardenal en la Catedral Metropolitana, Primada, dicen textualmente, traducido al castellano del latín: 1) Altar dedicado a San Miguel Arcángel Gaspar Cervantes de Gaete, inquisidor; Arzobispo de Mesina, de Salerno y de Tarrragona; Cardenal Presbítero, Obispo santísimo y muy vigilante; gran bienhechor por su testamento de los hijos de Tarragona. Vivió 63 años; rigió esta iglesia siete años. Murió el 16 de noviembre de 1575. 2) altar dedicado a las Vírgenes, ejerciendo primeramente el cargo de Inquisidor, creado después Obispo de Mesina, de Salermo y de Tarragona, visitó la sagrada púrpura cardenalicia, Cervantes de Gaete quedará reducido a un poco de polvo; después resucitará integró y glorioso. Dos inscripciones latinas ocupan las dos caras del sepulcro del Cardenal Cervantes: la primera orientada hacia la capilla de San Miguel; la segunda, hacia la capilla de las Vírgenes.Autor:J.A. Ramos RubioVolver a la página de inicio
Fue nombrado Arzobispo de Tarragona, donde fundó el colegio de jesuitas, y tomó parte como consejero y mediador en el asunto de fray Bartolomé Carraza, Arzobispo de Toledo, con gran beneplácito del pontífice reinante, quien en recompensa por sus acertados consejos, le nombró Cardenal de San Bartolomé, luego de San Martín, posteriormente de Santa Balbina, y llegado pontificio ceca del rey de España, hasta su muerte acaecida en 1575, siendo enterrrado en Tarrragona en su magnífico sepulcro de la iglesia de los jesuitas.
En Trujilllo construyó, dotó y enriqueció de indulgencias al altar donde se depositó el cadáver de su madre, en la iglesia de San Martín, llamado altar de Gaete, donde existe escrita en latín una lápida dedicatoria de este cardenal.
Contemporáneo de Miguel de Cervantes y de su estancia en Italia, un Cervantes de Gaete. Su biografía ha sido reiteradamente escrita, pero todavía está esperando un investigador serio y moderno que ponga al día la vida que fueron repitiendo autores italianos, y en el siglo XIX Jaime Villanueva dentro de su “viaje literario”, en el que pudo beber nuestro historiados local don Clodoaldo Naranjo.
Pera la vida de este español universal perteneciente a una generación de gigantes ‘la generación de Carlos V, y los dioses que nacieron en Extremadura; la generación del Gran Inquisidor deán Fernando Valdés el fundador de la Universidad de Oviedo, y del profesor salmantino fray Francisco de Vitoria, el fundador, antes, que Suárez, del Derecho de Gentes; la generación del Duque de Gandía y del Obispo arquitecto placentino don Gutierre de Vargas y Carvajal; la generación del maestro Juan de Avila, recién estampillado como santo, y de Pedro, el de Alcántara; la generación del eramismo y de la primera emigración masiva a tierras americanas-, no se puede despachar con cuatro pinceladas, ni con los tópicos retóricos, manidos por la costumbre.
Queda por cortar mucha tela cervantina, del cardenal, si los paisanos hemos de saber quienes nos precedieron con los signos de la fe, de las actividades, y si no queremos sentar la plaza de la incultura haciendo creer que cada uno de nosotros descubre el Mediterráneo.
Si, como dicen los franceses, “voyager c-est vivre”, y no lo desmiente la vida del autor de “El Quijote·”, algo significan los itinerarios del Cardenal Gaspar Cervantes de Gaete. Trujillo, en la diócesis de Plasencia, punto de partida, sin confundirlo con Castrojeriz que esté en Burgos; ni con Cáceres, que jamás perteneció a la diócesis placentina. Y después, Salamanca, con su Universidad y colegios mayores; posiblemente París y el ambiente universitario de su famosa Universidad; León, donde gozó de una canonjía; Sevilla, en la que colaboró estrechamente unido al famoso don Fernando de Valdés, y Zaragoza, desde cuyo palacio de la Aljafería ejerció sus tares de Inquisidor de Aragón, Corresponde todavía a esta época el conocido elogio que de Cervantes de Gaete hizo el padre Francisco de Borja escribiendo a Felipe II, y Rey de España: “El licenciado Cervantes el limpio (de sangre, de familia) hombre de mucha virtud y celo; fue provisor e Inquisidor en Sevilla, ahora lo es en Zaragoza; es tenido por tatrado”
En Zaragoza cambia el rumbo de Cervantes de Gaete. Sale de la capital de Aragón prra regir el arzobispado de Mesina, en Sicilia, y la acutación en tierras italianas duraría luengos años, casi diez. Primero Sicilia, después Salerno, y a la postre el retorno a España. a medio camino entre Mesina y Salermo, el Concilio de Trento, a cuya tercera sesión acude como prelado messanense. Pero a la hora de firmar escribe ya: “Yo, Gaspar Cervantes de Gaete, Arzobispo de Mesina y electo de Salermo, definí y firmé de propia mano”.
Tarragona es la última y definitiva etapa de sus innúmeros viajes. Allí, como Arzobispo, trata de aplicar los remedios conciliares. Y allí recibe también los máximos honores y recompensas a sus largas tareas en la edificación de la iglesia con amplia superación de objetivos localistas.
Máxima preocupación pastoral es lo que se relaciona con la cultura: un colegio e la recién nacida. Compañía de Jesús, verdadera revolución en la enseñanza, aunque hoy está más que superada a la distancia de cuatro siglos, y una modesta, como todas al principio, universidad. Todo sin clamore, alharacas, ni teatro o publicidad, una preudorreforma muy del gusto de nuestros días. Allí recibe, en Tarragona, su nombramiento cardenalicio, con el titulo primero de la iglesia romana de San Vidal , que a los siete días cambia por el título de San Martín al Monte, el mismo título que en Milán Monseñor Juan Bautista Montini, y, por fin, en 1572, vuelve a cambiar el título cardenalicio por el de Santa Balbina, que a principio del siglo XVI había honrado con sus nombre, y especialmente con sus obras, otro españos admirable, fray Francisco Jiménez de Cisneros.
No merecen respeto ni consideración los versos que se atribuyen y no están en el epitafio de la catedral tarrraconense y se suena así:
Fuí Arzobispo de Tarrragona.
En roma fui Cardenal,Inquisidor GeneralEn la española corona.
Cervantes era yo anates.Polvo y tierra soy después,Que caben en siete piesDignidades semejantes.
Los cuatro últimos versos repiten un concepto por demás sabido de lo que es el fin de tatas vanidades y ostentaciones humanas. Y los primeros no reflejan, ni de los lejos, los trazos de una biografía, máxima teniendo en cuenta que el Cardenal Cervantes jamás fue “inquisidor general” de España.
Las dos inscripciones que decoran el sepulcro tarraconense de nuestro Cardenal en la Catedral Metropolitana, Primada, dicen textualmente, traducido al castellano del latín:
1) Altar dedicado a San Miguel Arcángel Gaspar Cervantes de Gaete, inquisidor; Arzobispo de Mesina, de Salerno y de Tarrragona; Cardenal Presbítero, Obispo santísimo y muy vigilante; gran bienhechor por su testamento de los hijos de Tarragona. Vivió 63 años; rigió esta iglesia siete años. Murió el 16 de noviembre de 1575.
2) altar dedicado a las Vírgenes, ejerciendo primeramente el cargo de Inquisidor, creado después Obispo de Mesina, de Salermo y de Tarragona, visitó la sagrada púrpura cardenalicia, Cervantes de Gaete quedará reducido a un poco de polvo; después resucitará integró y glorioso.
Dos inscripciones latinas ocupan las dos caras del sepulcro del Cardenal Cervantes: la primera orientada hacia la capilla de San Miguel; la segunda, hacia la capilla de las Vírgenes.Autor:J.A. Ramos RubioVolver a la página de inicio